Ejercicios de la FaMVD: Tú eres mi hijo

ejercicios de la famvd tu eres mi hijo

Querida familia,

un año más, el Señor nos ha llamado, para estar con Él, para entrar en su descanso y como María escucharle. Con esa disposición llegaba yo a la semana de ejercicios de la FaMVD, del 7 al 14 de agosto, en Siete Aguas, (Valencia), y me sorprendió el Señor.

Dios, a través de la Palabra, nos va forjando como apóstoles, para tener el corazón de apóstol misionero como Jesús. Por eso siento que Dios nos hace una llamada a reconocer nuestro carisma.

Solo hace falta ver nuestras caras y descubrir como Dios ha pasado, para quedarse. “Tú eres mi hijo yo te he engendrado hoy”.

Reconocerse “hijo” y descubrir la “gracia” que se nos da, es ese empujón, para llevar a cabo la misión y que el mundo llegue al conocimiento de la verdad y sea libre.

Pues que, en este tiempo de la misericordia, nos dejemos hacer, modelar, transformar, por ese Dios que es puro amor, misericordia y así seamos lo mismo que ya tenemos grabado en nuestro corazón, misericordia.

Elena

Testimonio - Experiencia de Oración

testimonio experiencia de oracion

“He aquí que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo.” (Ap 3,20)

Lo que más me ha gustado de este encuentro es que por primera vez se me han entregado las herramientas teóricas-prácticas necesarias para empezar a orar. Es decir, al igual que para comer necesitamos cuchara, tenedor y cuchillo y en su momento alguien nos enseñó a usarlos, en este encuentro se aprende de manera muy útil y didáctica la manera de empezar a orar a través de unas sencillas pautas que nos indican cómo hacerlo.

Con la pausa que ha supuesto este fin de semana de oración, he descubierto además que Jesús no busca admiradores sino seguidores. Y de ahí que vino a mi mente una cita que encontré en un poster hace años y que decía lo siguiente: “A Jesús es imposible conocerle, y no amarle… amarle y no seguirle.” Por tanto, de esta ecuación deducimos que seguir a Jesús implica imitar el amor de Jesús al prójimo.

¿Pero, cómo llevar adelante tan gran hazaña? - A través de la oración, el mismo Dios alimenta nuestro amor, incrementa nuestra fe, cura nuestras heridas a través de su gracia, nos hace más plenos y nos capacita al mismo tiempo para compartir el amor con los demás.

Doy gracias a las hermanas por habernos permitido descubrir que la oración es parte vital de nuestra vida espiritual, es lo más parecido a la importancia de comer, beber y respirar para mantenernos con vida.

Si Dios no está en medio del amor de cualquier persona, somos incapaces de hacer feliz a nadie, y ahí lo grande, que Dios no hace acepción de personas, Él nos quiere a todos. “Gustad y ved que bueno es el Señor, dichoso el hombre que confía en Él.” (Sal 34,9)

No hay pobreza más grande en el mundo, que vivir una vida sin la conciencia/presencia de ser hijo de Dios.

Cuando oramos, hablamos con el mismo Jesús resucitado, glorioso que ha vencido a la muerte y por tanto descubrimos esa sensación de plenitud al saber que: “Nadie queda viudo del esposo resucitado que es Jesús.”

En definitiva, orar es dejarme amar por Dios y amarlo, estableciendo un diálogo de amistad que me hace contemplar a Jesús y ser mirado por Él. Es compartir con Él todos los aspectos de mi vida, para posteriormente escuchar y dejar que Él mismo me hable.

Pero, ¿cómo puede el mismo Dios hablarme a mí? ¿Cómo puedo escucharle?... Un modo sencillo para empezar es, dejar que Él actué a través de su Palabra viva en la Biblia. “Habla Señor, que tu siervo escucha.” (1 S 3,10)  

El fruto del diálogo con Dios nos hace crecer como personas y nos capacita para amar de manera auténtica a todos los que nos rodean. “Cuando enseñas a una persona orar… la has salvada.” Gracias hermanas por enseñarme tanto.

José Manuel

 

Testimonio: Doy gracias a Dios

testimonio doy gracias a dios 1Después de varias semanas tras la con-VIVENCIA de Semana Santa en Siete Aguas, no puedo dejar de dar gracias a Dios por todo aquello que puso en mi corazón y que hoy, ya reposado de tanta emoción y con la paz con que ha quedado, me gustaría compartir.

Provengo de una familia cristiana en la que desde siempre se nos inculcó el amor a Dios; Sin embargo, con el tiempo te vas dando cuenta de que, aunque éste es el pilar y la gran herencia que nuestros padres nos han podido dar en vida, para querer y conocer bien a Dios necesitas experiencias reales de encuentro personal con Él. Y es aquí donde he descubierto mi verdadera historia de FE.

Aunque mi vida espiritual ha pasado por muchas etapas, algunas de ellas con grandes altibajos y distanciamiento, cuando hago un repaso de mi vida, me doy cuenta de que Dios siempre ha caminado conmigo. En los momentos que más lo necesité,  puso en mi camino a las personas adecuadas (yo diría ángeles) que me propiciaron esas experiencias de interioridad; Tuve la oportunidad de conocer el Opus Dei, compartir convivencias con los Padres Franciscanos, tuve algún contacto con la Renovación Carismática  y viví, aunque tan solo en dos ocasiones, el auténtico carisma del Verbum Dei (la primera de ellas en 2001 con el grupo de jóvenes de mi parroquia y la última anterior a este año, en un fin de semana de retiro de manera muy "casual" como respuesta a una necesidad que venía pidiendo). En ambas ocasiones sentí que Dios estaba presente en cada misionera y en aquel lugar y allí, me dejé tocar nuevamente el corazón.

Sin embargo, si todas las experiencias que he tenido a lo largo de mi vida han sido una inyección para acercarme a Jesús y al Padre, ésta última en Siete Aguas ha sido muy especial porque me ha mostrado, por primera vez, el verdadero rostro de María, nuestra Madre. Y es que siempre he sido consciente de la poca devoción con que acudía a la Virgen y mi falta de amor por ella. Mi manera casi automática de rezarle, mis oraciones faltas de cariño...

Pero algo cambió de repente. Fue en la celebración de Jueves Santo; me disponía a rememorar la Última cena cuando mis ojos se quedaron clavados en aquella impresionante escultura de la Virgen. Sentí, de repente, un deseo fuerte de amarla. Algo me impulsaba a decirle cosas bonitas, a hablarle...Y así empecé a dialogar con ella. Qué belleza tan grande, qué amor tan desmesurado… ¿Cómo antes no pude darme cuenta?

Viví muy intensamente esos 4 días de Semana Santa, feliz por haber podido compartirlos con mi marido y parte de mi familia; Aún hoy, después de unas semanas, le doy gracias a Dios por todo lo que la familia Verbum Dei nos regaló y por los testimonios de vida que allí se compartieron.

Recibí tanto de Dios en tan pocos días, que no esperaba nada más. Sin embargo, nuestra Madre me tenía preparada una sorpresa de despedida. Llegué a recepción con mi hermana para entregar nuestros datos y, aunque ya había visto en otras ocasiones esa Virgen de barro en la vitrina, ésta vez me pedía venirse conmigo. Sin dudarlo ni un momento, la compré.

testimonio doy gracias a dios 2

Mi casa nunca antes había tenido una imagen de la Virgen y ahora preside el salón. Me levanto cada mañana y le doy un beso; uno a ella y otro al niño Jesús que lleva en brazos.

Le pido su misma humildad, sencillez, un amor con locura; que me enseñe a querer a Jesús y a tratarte con ternura... Ahora sé que me escucha y que también camina a mi lado... Gracias familia Verbum Dei por esta Semana Santa y por TANTO...

Sonia

 

Testimonio: Vuelvo a casa

testimonio vuelvo a casaLa Pascua en Siete Aguas 2016, celebrada con un grupo numeroso de hermanos, ha provocado en mí una sensación sosegada de paz, "de vuelta a casa". Ha sido como como un "experimento" un "ensayo", " un microclima" de cómo ES la VIDA de VERDAD. He tenido la gran sensación de poder presentarme con mi verdadera IDENTIDAD: HIJO DE DIOS, HERMANO VUESTRO, sin tener miedo de ser tomado por loco. Me he sentido RELAJADO y en PAZ, pues no he tenido que mantener la tensión de presentar mis "fachadas", mis " méritos", mis "más" que tú, aunque ese más fuera, un más en negativo, (¡uf, he sufrido más que tú, tengo más miedos que tú...!)

He comprendido, otra vez, la generosidad desbordante de tu AMOR INCONDICIONAL, pues TÚ, PADRE, me has dicho que tú AMOR es para TODOS, los que estábamos allí y los que no, los que creen y los que no, los listos y los menos listos, ..., con especial predilección por los sencillos y los pobres. Me he sentido en CASA, con MI PADRE y MIS HERMANOS.

Y Ahora, vuelvo al mundo, donde ¿volveré a tener que colgarme los " méritos", del compararme, el merecer, tener más -aunque sea más pena-?, volver a hacer el esfuerzo (yugo pesado), extenúa re de mantener esas fachadas, esas " identificaciones" que en elfo dones que NO SOY? ¿Volveré a querer ser el protagonista hasta el agotamiento? O Padre, ¿te abriré el corazón, la razón, mi ser, ... ¿Y seré quien realmente soy? Quiero La Paz, la alegría, la visa de saber que yo y cada uno de los otros somos tus HIJOS y VIVIR EN TU CASA, en LIBERTAD.

Corro el riesgo de volver a la sociedad y volver a las mismas. Pero no. Jesús me ha invitado a PERMANECER en la casa del PADRE, a ser quien soy, dejando otros convencionalismos, todo tipo de competición personal, ... y a ACOGER CON SU AMOR AL HERMANO y A MÍ MISMO.

En el lavatorio de los pies, mi "yo" se revolvió, pues estoy más cerca de Pedro y de la madre de Santiago, ya que por el " miedo" quiero " ser alguien, ... Y Jesús va y me lava los pies y entiendo que solo puedo amar, de verdad, cuando estoy dispuesto "a no ser nadie".

Jesús

 

La Pascua de la Libertad

pascua siete aguas 2016 1

Si tuviera que identificar con un título lo vivido estos días en Siete Aguas, lo haría con el de la Pascua de la Libertad.

De vuelta en casa, quise inmediatamente repasar las notas que tomé a lo largo de las charlas, celebraciones, testimonios que llenaron en estos días. No necesito experimentar más de lo que ahora siento. Tengo una fuerte sensación de renovación, de estar situada en el camino adecuado, de plenitud; de, en definitiva, consolación. Pero también soy muy consciente de que cuando venga la niebla, y con más razón la noche -que sin duda vendrán, como ya han estado antes-, será bueno tener huellas físicas de este encuentro. Cuando crea que sentir aquel beso fue un sueño, me gustará leer esto y, como si estas líneas fueran la marca física de Sus labios sobre mi piel, dar crédito al hecho de que fui tocada por Jesús resucitado. Por eso leía anoche, domingo de Resurrección, recién llegada, mi libreta; y por eso escribo esto. También sé que, si comparto públicamente estas líneas, mi experiencia puede caer en un terreno donde en este momento la esperanza es muy necesaria. Porque, como nos transmitió una de las sonrisas más luminosas de Siete Aguas, que también es uno de los corazones más enamorados de Jesús que conozco… “¿Hay algo más grande que sentirse resucitado? ¡Sí! Hacer que resucite alguien más”. Con esta doble voluntad nacen estas palabras.

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Tengo en mi cuaderno frases que se han ido pronunciando en la capilla, en los paseos exteriores, en conversaciones íntimas con mis amigos, en los encuentros fortuitos con quienes pasábamos estos días juntos. Otras muchas no están ahí, pero las tengo todavía frescas en la cabeza. Al leerlas o recordarlas una tras otra, tengo la sensación de estar ensartando las cuentas de un precioso collar que, al final, y por la cantidad de piezas distintas, aparece como una exuberante e inimitable joya. Delicadas cuentas de cristal o de marfil, contundentes formas de barro, sonoras bolitas metálicas… Todos nosotros, distintos y únicos, hemos sido testigos y protagonistas, con nuestra irrepetible condición, de un precioso trasiego de sentimientos, oraciones y vida.

Hemos disfrutado también de un tesoro musical extraordinario; un grupo que hacía conmovedoras oraciones en forma de canción. Aprovechando la seguridad de que la armonía la ponen ellos, me gustaría componer una melodía con todas estas piezas del collar que me he traído en mi libreta. Es mi regalo de agradecimiento a todos vosotros.

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El sentido de esta Pascua
No hemos venido a recordar; venimos a reactualizar el amor. Queremos volver a reconocer esos gestos de Jesús que yo necesito para vivir ante esas muertes que llevo dentro y que me martirizan: inseguridades, miedos, preocupaciones, falta de alegría… Y es que no podemos seguir centrados en todo eso que no sé hacer o, sencillamente, no hago, en lugar de observar todo el amor que ya hay en mi vida y que yo estoy haciendo crecer, no como una superwoman sino como una superheroína de lo cotidiano. Vivir como esclavo no es otra cosa que vivir con miedo, y en esta Pascua queremos aprender a vivir sin miedo: no queremos ‘tratar temas’ sino ‘favorecer experiencias’ que vayan en esta dirección.

La Cruz
Al contemplar a Jesús en la Cruz, es muy importante no caer en sentimentalismos. Él no quiere darnos pena, sino provocarnos. Como a sus discípulos, Jesús nos tiene asombrados por su absoluta libertad. Nos provoca con la sugerencia de que hay una vida posible fuera de la clave de la seguridad. Nos enseña a vivir sin cálculo, sin controlar todo, solo con su Providencia. Porque cuando no tienes ninguna imagen que defender ante los demás, eres tan libre que sale lo más divino que hay en ti. Y ante el dolor que se nos presente, la clave que aporta el sentido es acompañarlo de amor, como Él mismo hizo. La Cruz es la auténtica escuela del desprendimiento: conocerla por propia experiencia es saber que     no tiene sentido ser arrogante; nuestro ‘tenderete’ se puede venir abajo en un momento: no somos dueños de nuestros triunfos. Y es que la grandeza de la cruz consiste en enraizarnos en la humildad.

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Jesús resucitado
Su amor es infinito y eterno: siempre que acudamos, Él estará; siempre que llamemos, Él responderá. La gran cruz de muerte, la que no tiene ningún sentido, la tiene quien no entiende la libertad: quien cree que será salvado por su cuenta corriente, por su productividad, por su confort; el que vive de las apariencias; quien no es capaz de descentrarse de sí mismo; quien cree que puede vivir y controlar su vida sin más ayuda que sus talentos y sus capacidades humanas; quien, en definitiva, quiere resucitar con sus propias fuerzas e ignora que todo lo que es y tiene le ha sido dado. Jesús viene a sacarnos del sufrimiento: no a que nos quedemos allí, clavados en la Cruz. No deja de trabajar en nuestro corazón. Incluso tras su muerte, Jesús bajó al Hades a realizar sobre Adán su tarea de salvación, sin descansar, sin escatimar esfuerzos.
Es la fe la que da la alegría, la plenitud, la gratitud. Seguir ‘de lejos’ a Jesús es mediocridad; es huida, es falta de fe, y eso es en definitiva el gran fondo de nuestro pecado: lo que nos introduce en la tristeza y en las sombras. Dios respeta nuestras decisiones, pero necesita de nosotros, de querer salvarnos, de querer experimentar el gozo y la alegría, para realizar su acción.
Solo nos pide: “Sal de tu tierra”. Esta fe, como el amor, como la gratuidad, necesita alimento: con oración, con formación, con dedicación. Sin ello, la falta de fe se instala y, con ella, la desesperanza y la tristeza.

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Misión
Nuestra misión como cristianos es demostrar que nuestra vida es diferente: no se trata de hacer proselitismo ni ganar adeptos. Aprendamos de Jesús, que no pasa la vida idealizando, sino acogiendo e interviniendo en la realidad que tiene delante, en ese metro cuadrado de influencia del que todos disponemos y en el que podemos convertir las pequeñas muertes de nuestro entorno en vida.

En estos días, cada vez que uno de nosotros abría su corazón y se ponía allí, delante de todos, tras unos momentos de diminuta agonía y vértigo, pero agonía al fin, se convertía para todos los que no le conocíamos, en amigo. Necesitábamos buscarle, después de exponerse a los oídos y la vista de todos, para saludarle y agradecerle su testimonio. En esos momentos, me permitía soñar que era posible un lugar en el que los todos esos extraños para nosotros, refugiados o perseguidos del mundo, podían, con solo mostrar su rostro y sus razones, sentirse convertidos en amigos, acogidos, abrazados, protegidos, queridos.

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Dentro de unos años, cuando quiera recordar la primera vez que me sentí discípula y no espectadora; la primera vez que supe que lo que me pedía el Señor era precisamente lo que yo más íntimamente necesitaba; la primera vez que experimenté de manera inequívoca que seguirle no era un camino de carga sino de liberación, que acompañarle significaba precisamente ser yo misma y disfrutar de ello, sabré que fue en aquella Pascua. Puede que no recuerde las fechas; pero sí los nombres y las caras de quienes me acompañasteis, con quienes tuve la certeza de que el paso del Señor por mi vida no era una intuición o un destello sino una concreción física. Sabré entonces que estoy refiriéndome a la Pascua de este año. A la Pascua de Mi Libertad. Gracias a toda la comunidad del Verbum Dei por poner los medios para hacer posible esta experiencia.

¿Jugar en la Champions? Para qué, si tenemos el paraíso, con sus amebas, arácnidos, virus, elefantes, y abeja mayas en un poblado valenciano. ¡Feliz Pascua de Resurrección a todos!

Isabel

 

Pascua Siete Aguas