Vivir la Resurrección

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24 años sin vivir la Resurrección, no es vivir, es sobrevivir. Ahora mi familia y yo vivimos.

Jamás imaginé que volvería a revivir aquellos sentimientos que siente el alma cuando uno comparte con Cristo su pasión y sobre todo cuando vives junto a Él el momento de la Resurrección.

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Llegamos a Siete Aguas y lo primero que nos comunicaron fue que íbamos a participar en el lavatorio, mi marido y yo… algo impensable en mi vida hace unos años. Pero, ¡ay! Cuando suena la canción del lavatorio…. ¡Cuántas veces había cantado yo esa canción! Entonces mi corazón dio un vuelco de alegría. Comencé a sentir esa felicidad que te da el estar con Él y fui consciente de la tristeza en la que he estado sumida durante más de 20 años.

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Todos los momentos tuvieron gran importancia: las charlas, las dinámicas… El Señor lo dispuso todo para intensificar ese sentimiento de plenitud que tiene uno en su corazón cuando caminas a su lado, cuando tomas conciencia de que has vuelto al camino y que has dejado ese atajo que creías haber tomado para llegar a no sé qué lugar… Es sorprendente cómo casi todos los detalles fueron recordándome muchos momentos vividos en esas Pascuas de la juventud… parecía que el Señor hubiera detenido el tiempo y estuviera retomando mi vida justo en el momento en que la dejé de lado. Porque todo este tiempo no he vivido, he sobrevivido.

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¿Y la música? Tan importante para mí… Cuando escuché la canción del lavatorio, oía algo que me resultaba familiar… Entonces me di cuenta de que El Señor también me estaba haciendo ese regalo. Cerré un momento los ojos y pensé en la grandeza del Señor y en lo insignificante de mi vida. Y pensé: ¡Cuánto me das sin merecer!

Después de esta experiencia me hago una pregunta: ¿Puede haber momento más bonito en nuestra vida de cristianos que acompañar a nuestra Madre, con nuestra familia y amigos, en la muerte y Resurrección del Señor?

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Gracias al Verbum Dei por acogernos cada vez que vamos como si fuéramos uno más de vuestra familia. ¡Gracias por ayudarnos a caminar en familia junto Él! ¡Gracias a mi ángel que fue la primera que me habló de este lugar!

¡Gracias a Dios!