Convivencia "Despierta, empieza a vivir"

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Poner palabras a experiencias interiores, para mí, siempre es complicado; aunque voy a intentar apoyarme para en ello en mis sentimientos y pensamientos.

El primer sentimiento que experimente después de la Convivencia "Despierta, empieza a vivir" es de agradecimiento:

En primer lugar a Dios, es el que puso en mí la inquietud y el interés en la búsqueda, y facilitó las circunstancias para poder estar en Siete Aguas ese fin de semana.

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Y en segundo, a cada una de las personas que participaron de una forma u otra, pues me hicieron sentir acogida y al mismo tiempo darme cuenta de que la comunidad es importante, ya que en el mundo que me muevo no es fácil hablar de cuestiones más trascendentes: soledades, carencias, Dios, sentido de vida... en fin, cómo encontrar la felicidad.

Otro sentimiento que me embargo fue de gozo-plenitud.

A través de los testimonios que iba escuchando y situándome, desde la distancia, en mi vida, me di cuenta que el día a día me va atrapando en luchas de poder, decepciones, envidias, faltas de reconocimiento, tener… tener… Y todo eso siempre deja un gran vacío en mi interior.
Dedicar tiempo a estar con Él sola, saber que Él me ama, me hizo sentirme muy dichosa.

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Acabé la convivencia sabiendo que la fuente de la felicidad está en Jesús y el medio es la Palabra. Que solo Él es capaz de llenar ese vacío y que le necesito. Vamos, que salí con las "pilas" cargadas. Pero también siendo consciente de que he de hacer parones para recargarlas y que la comunidad te refuerza en este camino, no es un camino en solitario.

Xesca

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