Siempre es un bálsamo regresar al poblado

siempre es un balsamo regresar al poblado

La verdad es que no nos deja de sorprender cada actividad propuesta por la Familia Misionera Verbum Dei (convivencias, experiencias de oración, ejercicios…) porque para nosotros cada una de ellas es toda una novedad. Siempre es un bálsamo regresar al poblado, porque apacigua la tempestad que llevamos dentro por el ruido mundano. Pero lo que no nos esperábamos es la Pascua que vivimos en siete Aguas, realmente nos ha dejado sin palabras.

Hace menos de un año vivíamos la Pascua de viaje, con amigos, donde nuestra única preocupación era el disfrute personal y el consumismo gastronómico y el de bienes no esenciales; pero un día, igual que Moisés alzó su cayado y dividió el Mar Rojo en dos, para dar paso a una nueva vida, así lo hizo Dios con nosotros. Nos hizo parar en nuestras vidas y nos reveló el mejor de los tesoros que teníamos escondidos.

Vivir la Pascua en Siete Aguas es acogerte como familia y lo mejor es que nos hacen integrantes de su propia familia. No eres un mero espectador que ve la Pascua como desde fuera de la pantalla, sino que te hacen partícipe y personaje principal de tu vida con Cristo.
Vives y sufres su propia Pasión, te encuentras de cara con la tuya. Pasas el duelo de su muerte junto a su madre, dándole el pésame y acompañándola en su dolor para después resucitar y renacer de nuevo. Como le dijo Jesús a Nicodemo: "El que no nazca de nuevo no puede entrar en el Reino de los Cielos" (Jn 3,3).

Y es que vivir la Pascua celebrada en Siete Aguas es posible y necesario para renacer de lo alto, nacer de nuevo en el espíritu y volver a empezar aun sabiendo que estamos hechos de barro.

Rebeca