Varios miembros de la FaMVD realizaron su compromiso

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Desde el viernes 6 hasta el domingo 8 de octubre, la Familia Misionera Verbum Dei de Granada y Sevilla, bajo el Lema: ¿A QUIÉN ENVIARÉ? ¿QUÍEN IRÁ DE NUESTRA PARTE? (Is 6, 8), en el contexto de “Octubre Misionero”, mes de las misiones por excelencia, nos hemos reunido en encuentro fraterno para agradecer, orar juntos, compartir y celebrar el don de la fe y el camino misionero en estas tierras andaluzas.

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Las predicaciones, de Paloma (matrimonio misionero), Arantxa (misionera) y Cristóbal (matrimonio misionero) nos han llevado a avivar e impulsar con fuerza el sentido misionero de nuestra Familia Misionera. “Nos dedicaremos al Ministerio de la Palabra”. Nuestra comunidad orante, dejándonos seducir por Él (Jr 19,7-9), se convierte en la levadura que fermenta la harina (Mt 13,33) haciendo posible que nos dediquemos a la oración y al ministerio de la Palabra.

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En la Eucaristía final celebrada por nuestro misionero Luis Alfonso Zamorano varios miembros de la FaMVD realizaron su compromiso como laicos misioneros: María Luisa Gil (Comunidad de Sevilla), Rafael Bermúdez y Mónica Álvarez (Comunidad de Granada), Fátima Fernández (Comunidad de Granada), Carmen García (Comunidad de Granada) y Francisco Morillas (Comunidad de Granada).

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Damos gracias a Dios por este gozo inmenso de ver ampliada nuestra Familia Misionera.

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Dos de ellos mismos os cuenten su experiencia del compromiso.

 

Mª Luisa Gil:

Llevo muchos años vinculada a la comunidad VD, desde muy joven, desde que conocí a un Jesús, que me enamoró y me cambió la vida. Él ha estado presente en mi vida siempre, gracias a la fidelidad de Dios Padre, misericordioso; y nunca dejó que me perdiera. Me he sentido su heredad, he sentido su abrazo en momentos de mi vida muy difíciles; incluso, en momentos de infidelidad, he experimentado su perdón, nunca me dejó.

Mi amor por el VD nunca cambió. Siempre me identifique con el carisma, sin proponérmelo; es la Iglesia viva y comprometida que tuve la suerte de conocer. Verbum Dei ha sido mi familia en la fe, en la que el Señor me ha ido transformando y me ha hecho muy feliz. No concibo otra forma de crecer en mi fe, ni otra forma de entender la ‘misión’. Doy gracias a Dios y, por supuesto, a Jaime Bonet, y a todas esas personas que el Señor ha puesto en mi camino.

Me debo a Dios y al VD, es como reconocer, en alto, delante de todos, que mi familia es mi familia, que mi padre es mi padre, que mis hermanos son mis hermanos.

Esto me llevó a hacer ‘el Compromiso’. Aunque no veía la necesidad de más vínculo que el que siento desde siempre, experimenté que era evidente que Dios me lo pedía y lo había preparado todo para ese momento de ‘bodas’ ¡No le podía fallar! Ni a Dios, ni al VD, ¡les debo tanto! Era mi momento de reconocer y dar gracias de la huella de Dios en mí, del vestido de ‘bodas’ que me dio el VD para el ‘banquete’, cuando era casi una niña.

La respuesta libre a la llamada a seguirle dentro del carisma misionero Verbum Dei se convierte en una verdadera oblación de mi vida a Dios, eso me impacto al momento. Me sentí sobrecogida por la Fuerza de Dios, por el misterio de amor que es, por la fuerza infinita e incomprensible de su bondad, de su atención y dedicación al hombre, a esta pobre vida mía, para beneficio de otros. Me sentí a mis años, ¡tan pequeña! y a la vez parte muy querida de su heredad, pero siempre para otros, puente hacia otros. Aquello que yo hacía, no era de “motu propio”, era deseo de Dios: Sellar su alianza de amor y fidelidad conmigo, públicamente, y a través de VD.
Reconozco mi pequeñez ante el Misterio que es Dios; también su presencia en mi vida. Pido ser fiel a este compromiso y, a su amor y su proyecto. Confío en el Dios Trinitario y en mi madre del cielo, María.


Francisco Morillas:

Queridos hermanos en Cristo nuestro Señor, deseo compartir y ofrecer mi testimonio de la experiencia vivida en el último retiro de oración que compartí con mi comunidad de Granada y los miembros de la Familia de Sevilla.

Reconozco que en un primer momento, al iniciar el retiro, he sentido resistencia y, por qué no, hasta lucha dentro de mí por pensar en una “supuesta pérdida de libertad”. Decidir de forma conscientemente el compromiso de obediencia propio de un discípulo de Jesús, dentro de nuestro carisma Verbum Dei, no fue fácil, hasta que comprendí en el dialogo con Jesús que el “yo” siempre será parte del camino en el seguimiento de Jesús, esa es la cruz. Y para comenzar a andar tras las huellas de Jesús, es necesario empezar siempre por “vencer el yo” que nos aleja del “Tú” de Dios, son los pasos de seguimiento que se concretan en querer vivir la coherencia de hacer Su voluntad.

Después de un largo diálogo con el Señor, resonó en mi interior una llamada que me hacía entender: “O, pones en manos del Señor toda tu voluntad y todo tu amor o te quedas fuera, pero, a medias no.” Pues porque “eres tibio te vomitaré de mi boca” (Ap. 3,15-17). Cuando sentí que me quedaba fuera, mi alma se contrajo de dolor y brotó como una fuente en mi interior la resolución de una entrega total para caminar cogido de las manos de este Cuarteto Maravilloso que son la Santísima Trinidad y Mamá María, y junto con mi Familia Misionera Verbum Dei. Ahora vivo con un Sí total y maravilloso que me llena de alegría y de paz. Que me hace decir cada mañana “Señor que se haga tu voluntad y no la mía”.

Me siento poseído por Aquel que me sostiene, por quien entregó su vida por mí. Por esto, con un corazón agradecido y confiado en su amor y misericordia le suplico el don de la fidelidad a Él, de quien sólo puedo decir: ¡Bendito sea su Santo Nombre!