VD Barcelona en Siete Aguas

Los días 10, 11 y 12 de Octubre, la comunidad de Barcelona, hemos iniciado el curso con un retiro en Siete Aguas.

Cuatro horas de viaje proyectando las múltiples ilusiones depositadas en EL ENCUENTRO. Pero nadie podía prever el milagro que se gestaría en nuestras vidas cuando nos dirigíamos hacia allí.

Hablo de milagro, porque es un milagro la experiencia de sentirse “zarandeada” y nuevamente abrazada por Dios. Un zarandeo que nunca es igual, y que nunca te deja en un mismo sitio.

Las misioneras, Margarita, Yolanda, Antonia Mª y Joaquina, habían preparado para nosotros un retiro donde la contemplación era el puntal de la experiencia, una experiencia forjada en el silencio.

Las charlas han estado centradas en el Ser, en el Estar, para invitarnos hacer una experiencia única de abertura para encontrarnos con el Creador, en lo más profundo de nuestro Ser, y desde allí, mejor dicho, desde ti mismo poder “gustar y ver qué bueno es el Señor”.

Y cómo no, dejarte abrazar por Dios, dejarte en sus manos, con tu vida, tal cual es y está, te permite descubrir que estamos envueltos, recreados y recubiertos en Dios. Tener la certeza de que “Nada ni nadie nos puede separar de Él” es la fuente más fuerte de sanación y recuperación. Una Fuente de libertad única para poder ser buscadores eternos de los tesoros del Amor de Dios.

Y cuando despiertas a esta verdad, la realidad de sentirte uno en Dios, te hace sentirte uno con el otro, te permite transformar cada minuto de experiencia con los demás. Descubres que el objetivo no está en ti mismo. Te descentras de ti y eres capaz de mirar con la mirada compasiva de Jesús. Sólo con una mirada misericordiosa podemos ser Palabra de Dios y seguir tejiendo redes que permitan levantar al mundo desde el Amor. Un amor reflejado en una vida que se haga testigo. Porque cuando te sientes habitado por Dios, te lleva a una libertad y a una necesidad de comunicarlo y compartirlo, ya no sólo con nuestros gestos y nuestro estilo de vida, sino también con la palabra.

Pero ha sido esencial poderlo vivir y compartir en comunidad, en familia. Cuando se comparte el Amor Verdadero, lo que te permite seguir viviendo, creciendo,... y el otro se convierte en testimonio del Amor, puente de luz para tu vida, los lazos se multiplican.

MªJesús González Rodríguez