Un testimonio de vida evangélica

FaMVD Alicante - Julio 2015

La oración, el ministerio de la palabra y un fuerte testimonio de vida evangélica, son los medios por los que intentamos responder a la llamada que Dios ha hecho a los miembros del Verbum Dei: “Id y haced discípulos de todas las gentes”.
El testimonio de vida es en gran parte consecuencia de una vida de oración. Sobre todo en los momentos difíciles, en los que se pide una respuesta heroica, se necesita la gracia y el apoyo de Dios; y si no se trata con El en lo cotidiano resulta más difícil sentirlo cerca en lo extraordinario.

En Alicante hemos sido testigos de esto por medio de Carmen y Francisco -y sus hijos Martín y Marco- que dieron a luz a Pablo en medio de dificultades por las que actualmente se aborta, con el consejo y a veces insistencia justificada de los profesionales médicos: al principio para curar la enfermedad grave de la madre, y luego porque el niño nacería con síndrome de down, como así fue.

Pero optaron por la vida. Y recién salido Pablo del hospital celebramos en nuestro localito una misa de acción de gracias, donde sus padres presentaron y ofrecieron al niño a Jesús y María. Recuerdo lo que el sacerdote les dijo: “nosotros predicamos el Evangelio, pero vosotros lo habéis hecho vida”.

Ya ha pasado un año, y Pablito es una bendición de Dios para su familia de sangre y de fe. Ha dado alegría a todos, ha acercado con lazos de amor y amistad a los que estaban más lejos… No sé si habrá algún niño más querido, admirado y más guapo.

Para todos es constatar el cumplimiento de la promesa de Dios lo que dijo Carmen en la Eucaristía: “Dios está cerca de los débiles, de los enfermos. Mi niño crecerá lleno de Dios”.

Y, como Verbum Dei, tenemos la certeza de que nuestra misión ayuda a vivir y aceptar los retos de la vida, que sin la ayuda que Dios da personalmente y a través de la comunidad de fe sería más difícil.

Aún se recuerda, en el Hospital donde trabajo, la fortaleza y opción que hicieron los padres por la vida. Y es cierto que nuestras decisiones, si son de aceptar lo que Dios quiere -que es con mucho lo mejor para todos-, da frutos de vida y amor por generaciones.

Lola Serna - Laica consagrada