Testigos del poder de su Palabra

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Una vez más el Señor nos ha convocado para hacernos “TESTIGOS DEL PODER DE SU PALABRA”, es el lema y la experiencia que hemos vivido este pasado fin de semana, 7-8 y 9 de octubre.

La Familia Misionera Verbum Dei de Granada y algunos miembros de la Familia de Sevilla, nos hemos reunido en la Casa de Espiritualidad Diocesana en una localidad cercana a la capital que se llama La Zubia (Granada), para iniciar el curso con un retiro de oración. En la misma casa hemos podido compartir con el grupo de matrimonios misioneros de la Fraternidad que se preparan para sus vínculos perpetuos y que se han reunido para su formación permanente en Granada.

En esta ocasión además de Verónica Mesa (matrimonio misionero en Sevilla) han acompañado el retiro Ramiro Gallo y María del Carmen Romero, reforzando con su presencia y valiosa aportación una nueva experiencia eclesial y de pueblo de Dios, haciendo posible el sueño que todos tenemos en la plasmación del carisma Verbum Dei, en esta región de España de Andalucía.

Iniciamos nuestro retiro con un momento de oración haciéndonos conscientes del deseo de Dios que llega a nuestra vida a ofrecernos el agua viva de su Palabra, fuente que nunca se agota y con capacidad de llenar nuestros cantaros a veces tan vacios en el ajetreo de nuestra vida, que nos deja sedientos y con urgencia de esos diálogos serenos, prolongados y con poder de transformar nuestro interior y nuestra vida haciéndonos testigos del poder de su Palabra.

Las pautas de oración fueron llevando nuestra meditación y oración en varios puntos centrales de nuestro carisma misionero:

Merche García Lobato en las primeras pautas del sábado nos orientó a centrar la oración en la Palabra como la fuente desde donde hemos sido engendrados a la Vida y Amor de Dios, en el seno de una comunidad cuyo distintivo es el mismo amor de Cristo.

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En las segundas pautas, Ramiro nos lanzo a ver esa comunidad es una fraternidad y familia que a su vez vive y propaga este amor siendo Fermentos de un mundo nuevo.
    
Como es habitual en nuestras jornadas misioneras nos unimos con María en el Rosario. Verónica nos invito a estar con nuestra Madre y como Ella, en una actitud de escucha como discípula de la Palabra y apóstol para comprender, aceptar, asimilar, vivir, practicar e irradiar la fuerza vitalizadora de la Palabra de Dios como comunidad y como misión propia de todo el Verbum Dei.

En la tarde contando con un ambiente de silencio y acogida de la Palabra de Dios en la oración, Teresa Rodríguez situó la misión como expresión del enamoramiento y  seguimiento de Cristo, siendo el Espíritu Santo quien actúa desde nuestra pobreza. Y al final de la jornada en la Eucaristía y desde la misma experiencia de eclesialidad propia del Verbum Dei, Esteban (matrimonio misionero que vive en Padul - Granada), predicó sobre cómo vivir nuestro ser discípulos – misioneros en medio de una realidad, cada vez más secularizada pero al mismo tiempo sedienta de la Palabra de Dios.

El domingo fue igualmente un mañana de mucha gracia. Merche nos invito a acercarnos al Señor acogiendo la llamada a ser fecundos en la misión por medio de la Palabra Viva. Luego en los grupos hemos concretando y renovamos el compromiso de cada uno a vivir desde el dinamismo de la Palabra el anuncio de la Palabra a esa multitud creciente de hermanos nuestros que ignoran por completo la fuerza transformadora la Palabra de Dios. Dios ha querido enviarnos como surtidores del agua viva, transmisores de un manantial de Vida: la Palabra que contiene la Vida y que no podemos retener si queremos llegar a saciar el grito estridente de Jesús en nuestro mundo: “tengo Sed”.

En la Eucaristía final presidió Ramiro y concelebró D. Manuel Vílchez, nuestro sacerdote ermitaño de la Familia Verbum Dei de Granada. En un ambiente de eclesialidad con nuestros matrimonios misioneros y sus hijos, los miembros de la Familia Misionera presentes, profesamos la fe con la firme confianza del amor ilimitado de Dios al hombre, quien dirige su Palabra  viva y eficaz (Hebreos 4,12), capaz de curar y sanar transformar todas sus heridas porque “ha querido salvar a los hombres mediante la predicación de su Palabra” (cf. 1Corintios 1,21).