Retiro de oración en Elvas

Retiro de oración en Elvas, Portugal, 21-23 Noviembre 2014

Las familias Verbum Dei de Campomaior y Badajoz hemos hecho un retiro de oración de fin de semana, como hacemos cada año. Así iniciamos el curso, dejándonos renovar por Dios para poder seguir colaborando con él en la construcción del Reino.
Durante este fin de semana el Señor nos ha invitado a un Amor renovado.

"Tiempo de barbecho"

Hola a todos, me llamo Yolanda pertenezco a la FMVD de la comunidad de Badajoz donde resido y me han invitado a compartir con el resto de la familia mi experiencia de vida. Soy enfermera y trabajo en el servicio de oncología de mi hospital. Mi trabajo aunque a veces sea difícil es a la vez gratificante sobre todo si se hace desde una perspectiva de fe, desde la mirada con la que Jesús tenía a todo aquel que se le acercaba para ser sanado, curado, pero no sólo a nivel corporal o biológico sino desde una globalidad desde la raíz más profunda del ser. “¿qué es más fácil hacer que este hombre ande o que sus pecados le sean perdonados?”. “vete en paz, tu fe te ha salvado”.

Nuestra profesión podría compararse a la actuación de Simón de Cirene con Jesús, intentar aligerar su carga y peso en los últimos momentos de su calvario, intento ver en cada paciente o familia su rostro para que su paso a una “vida nueva” sea lo más pacífica y tranquila posible y ya no sólo al igual que hacía Jesús, ayudar a calmar síntomas, sino a ayudar desde la raíz de la persona que el puente entre el dolor de la despedida y el encuentro con la Paz y el Amor en mayúsculas  sea lo más llevadero posible. Más qué decir, es acompañar, “estar con”, escuchar, abrazar, llorar, reír junto con… intentar ofrecer un puente desde la muerte a la vida en plenitud lo más dignamente posible.

El problema aparece cuando este proceso se hace presente ya no sólo en terreno profesional sino personal, de familia, entonces es cuando tu mundo interior se tambalea, se abre un abismo en tu vida y el mundo y el tiempo se frenan de golpe. Esto sucedió ya casi hace un año con la muerte repentina de mi padre de un infarto fulminante. Experimenté en mí y en mi familia lo que tantas veces intentaba hacer con aquellos que me necesitaban en mi trabajo diario, pero ahora en primera persona.

Pero cómo a pesar del dolor, de la confusión todo cambia cuando se vive desde una experiencia de fe. Y no sé cómo se me hizo presente de manera muy viva un pasaje del evangelio de Marcos… Mc, 26-32… Esa semilla de fe que tú sin apenas apreciarlo casi sin darte cuenta incluso en los momentos más difíciles crece por sí sola y ya no sólo crece sino que se hace un árbol grande y frondoso cómo la semilla de mostaza.
Desde hace tiempo mi ratito de oración era al final del día con el evangelio diario en mano en un rincón de mi cuarto. Es algo que siempre me ha costado expresar en el trabajo, mi familia cómo es realmente el Dios Amor que se hace presente en mi vida que experimento día a día con una fe viva y dinámica y que te hace capaz de realizar hasta imposibles si lo haces a través de su luz. A veces “los rostros de Dios” están bastante desvirtuados al menos en mi contexto y siempre le sentía decirme que los cambiara a través de mi testimonio de vida.

Y entonces pasó, volví a casa con mi madre y mis hermanos al menos temporalmente hasta que la situación se calmara. Pero al principio y lógicamente después de 44 años compartidos con mi padre, mi madre era incapaz de dormir sola, así que para tranquilizarla le rezaba cómo tantas veces había hecho yo sola en mi cuarto, y le dedicábamos todas las noches el evangelio diario a mi padre. Pero cuál fue mi sorpresa que llegado el verano, mis hermanos y mi madre se fueron a la casita de campo de mis abuelos, también con mis sobrinos, sus nietos, y al no estar yo ahora eran ellos los que todas las noches le leían “el libro del abuelo” cómo así lo llamaban en su lenguaje de niños a mi madre.

Lo que experimenté con todo ello fue que el Dios Padre y misericordioso, el Dios de la vida me decía que no me angustiase en cómo transmitir, en qué hacer o decir en cada momento sino que confiara en El plenamente que al menos plantara la semilla y que El se encargaría del resto.
Y cómo la experiencia de fe es algo dinámico y contínuo puedo añadir que desde que conozco al Verbum Dei siempre cada slogan de cada encuentro, ejercicios, convivencia parecía estar hecha para mí. Por eso entendí este año como “tiempo de barbecho” un año en que la tierra “aparentemente” no ha dado frutos, pero que ha sido preparada, labrada y aireada para el nuevo año… Is 5, 1-7. De estos pasados ejercicios me quedo con frases como “encontrar la grandeza de Dios en el misterio de lo cotidiano, no como huracán, terremoto, fuego que arrasa y destruye sino como brisa que calma, manantial que sacia… 1Re 19, 11-13. Y unas palabras de Rosa una de las misioneras que lo impartió “Dios con cada ser humano tiene su propio diálogo a lo largo de toda su vida y nosotros simplemente somos una coma, una tilde o un paréntesis de ese diálogo…”.

Así que como culmen en el inicio de este curso que empieza se habló en unas pautas en Loeches sobre los talentos y cómo potenciarlos y ahí sigo o al menos intento, después del “año de barbecho” con nuevos proyectos, metas y nuevos sueños por vivir. Inicio en mi parroquia como catequista en el “despertar de la fe” con niños de 6 y 7 años una experiencia totalmente nueva para mí. Os pido a todos por esa nueva semilla plantada y que este nuevo curso que empieza no nos desanimemos que seguro habrá caídas, desgastes y momentos difíciles, pero vividos desde la fe, desde “ese grano de mostaza” puesto en sus manos dará fruto y seguramente mucho más allá de lo que en algún momento imaginamos. Un fuerte abrazo a todos y hasta pronto.

Yolanda